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29/11/2007
IV Congreso de La
Conamuri
KUÑA
JOAJU PU'AKA OI HAĞUA SASO HA TEKOJOJA
Mujeres
unidas por la liberación y la igualdad
Asunción, 14 y
15 de octubre de 2007
15 de octubre: Día Mundial de la Mujer Rural
16 de
octubre: Día Mundial de la Alimentación
Declaración Politica
Nosotras mujeres campesinas e
indígenas de distintos puntos del país nos hemos unido para
reflexionar sobre la realidad del Paraguay y de las mujeres en
el campo; preocupadas y comprometidas con la situación cada
vez mas agudizada de opresión, desigualdades, discriminación,
pobreza, depredación del ambiente, en la que las mujeres son
las más excluidas e invisibles.
Denunciamos
El modelo de producción
impuesto por el capitalismo destruye la vida, nuestras
culturas y nuestro tekohâ (hábitat), provocando desigualdades
cada vez más extremas, miseria, enfermedad, muertes, con el
envenenamiento y destrucción del ambiente. Este modelo
avasalla los derechos de las personas y es ciega a las
discriminaciones que sufren las mujeres indígenas y
campesinas.
El gobierno del Paraguay
representa únicamente los intereses de sus socios empresarios
y latifundistas y de sus negocios particulares. Los
gobernantes ni siquiera nos ven, solamente nos recuerdan en
las campañas electorales cuando pretenden comprar o forzar
nuestro voto con migajas y falsas promesas. Hoy estamos hartas
de sus mentiras y de que avasallen nuestra dignidad, es tiempo
de dejar de votar a quienes son la causa de la miseria
económica, ambiental y cultural en nuestro país.
Las dictaduras y gobiernos
que se instalaron sucesivamente en el país nos han perseguido,
expulsado, discriminado, robado, torturado y explotado,
vendiendo el país al mejor postor. La “deuda externa” generada
por la corrupción, la injusticia y la depredación se paga con
nuestra miseria. Cada criatura nace con esa deuda impuesta por
el fraude, la deshonestidad y la inmoralidad de los
gobernantes y sus socios.
Como parte de una política
criminal mundial, pretenden retroceder los derechos humanos
utilizando el sistema de justicia para criminalizar la pobreza
y el hambre. La reforma penal en el Paraguay constituye una
herramienta más para discriminarnos.
El aparato represivo es la
respuesta para acallar nuestra miseria. Dicen que las
indígenas y campesinas, junto con sus comunidades, son pobres
y hacen manifestaciones porque no quieren trabajar. Pero son
los gobernantes y sus socios quienes nos han quitado o
destruido los medios para producir y trabajar.
Nos llaman ignorantes, pero
son ellos quienes nos quitan el derecho a la educación e
imponen una educación de baja calidad, orientada a la
dependencia y sometimiento de las mujeres y sus pueblos.
Subyugan nuestra cultura, lenguas y nuestra propia identidad.
Muchas mujeres no saben leer ni sus nombres, y son olvidadas
en sus comunidades y pueblos donde nadie las ve ni saben que
existen.
El modelo de dependencia y
dominación neoliberal sólo produce desigualdades y más
discriminaciones, y pretenden seguir reforzando sus beneficios
particulares a través de Tratados de “Libre” Comercio (TLC),
que subyugan la libertad y derechos de nuestros pueblos.
Los agrotóxicos, las semillas
transgénicas, los agrocombustibles son una trampa destructora
y mortal de las empresas nacionales y multinacionales del
agronegocio. Miles de litros de agrotóxicos envenenan el
territorio paraguayo, los bosques son incendiados para
blanquear la invasión de la soja, las semillas nativas son
amenazadas junto con nuestra vida misma.
La tierra se desertifica,
tenemos que caminar cada vez más en el monte para encontrar
agua, nuestros animales parecen llorar como humanos por la sed,
nuestras semillas no crecen y no se levanta nada en la tierra
empobrecida y envenenada. Pasamos hambre y sed, desfallecemos
en las chacras y las criaturas desfallecen en sus escuelas. A
veces tenemos que cavar en la tierra para exprimir raíces y
beber su jugo o darles a nuestros animales por la falta de
agua.
Casi no hay chicas jóvenes en
nuestras comunidades, quedan solamente las criaturas con sus
abuelas y abuelos, y ya nadie va a verlos. Ante la
desesperación las jóvenes van a buscar trabajo a cualquier
lado, y son engañadas, explotadas económicamente, forzadas a
la prostitución, la explotación o a la esclavitud sexual.
La enfermedad se apoderó de
nuestros pueblos y comunidades. El hambre nos enferma y mata
cotidianamente de tuberculosis y otras enfermedades, y los
medicamentos no sirven porque la falta de alimentos es la
causa de las enfermedades
Hay comunidades enteras que
no conocen un hospital. Las mujeres tienen sus partos en sus
casas. Y mueren desangradas si necesitan un hospital porque no
pueden llegar a él. Hay comunidades que no tienen caminos, y
en las instituciones públicas nos dicen que las ambulancias no
tienen combustible.
Los pueblos indígenas son
explotados en sistemas de verdadera esclavitud. A las
profesoras y profesores indígenas les pagan diez veces menos
de lo que le pagan a un blanco. Trabajamos forzados por la
necesidad, y ellos nos creen ignorantes, pero tenemos la
sabiduría de la conciencia, contraria a la injusticia, al
racismo y la dominación.
En el Paraguay los
latifundios son la causa de la mayor de las desigualdades e
injusticias. No necesitamos que se nos regale nada,
necesitamos que la distribución injusta de la tierra,
originada por favoritismos políticos, ceda ante los derechos y
a una reforma agraria integral.
Exigimos El Cumplimiento De
Nuestros Derechos
Las mujeres campesinas e
indígenas no necesitamos las migajas de un sistema que nos
somete y discrimina, y exigimos el cumplimiento de todos los
derechos que nos corresponden con igualdad, con justicia y sin
más discriminación.
El Estado paraguayo tiene la
obligación de garantizar, proteger, vigilar y hacer cumplir
nuestros derechos, deteniendo su política de avasallamiento,
sometimiento, depredación y aniquilación de nuestras vidas,
nuestros cuerpos y de la naturaleza:
-
Debe garantizar el acceso
pleno y real a una educación de calidad, a la salud, a la
vivienda, a un empleo digno, a la tierra y al territorio, así
como al conjunto de los derechos civiles y políticos, cuya
negación sistemática en el Paraguay constituye una política de
dependencia y dominación.
-
Deben revisarse y reforzarse
la calidad de las políticas educativas para adecuarse a las
realidades de las mujeres y sus comunidades, con programas
especiales para adultas analfabetas. La educación debe ser
verdaderamente universal y gratuita para las campesinas e
indígenas, adecuada a su cultura y diversidad lingüística.
-
Debe aumentar la inversión en
la salud pública y frenar una política de salud
discriminatoria que nos lleva a la muerte. Las mujeres no
deben seguir muriendo desangradas por partos o por abortos
mientras el sistema de salud les cierra las puertas.
-
Debe parar la política de
criminalización de la pobreza, y detener inmediatamente el
curso de la reforma penal como herramienta de más
discriminación.
-
Debe establecer medidas
eficaces para suprimir todas las formas de explotación
económica, trabajo forzado y esclavitud, en especial de los
pueblos indígenas. Debe darse un pago justo a las profesoras y
profesores indígenas, así como a las promotoras y promotores
de salud.
-
Debe garantizar el derecho al
trabajo y a un precio justo para nuestro trabajo y producción.
Y frenar inmediatamente la expulsión de nuestros pueblos, la
migración forzada y las diversas formas de explotación
económica y sexual, producida por una política económica
discriminatoria.
-
Debe implementar legislación
y medidas especiales para proteger las semillas nativas y
detener el avance de la depredación ambiental generada por los
agronegocios, que destruyen el país y constituyen una política
entreguista, necia y ciega.
-
Debe aplicar sin más
dilaciones un conjunto de políticas para hacer frente al
deterioro ambiental, la destrucción del tekohâ (hábitat) y la
falta de agua. La ley de aguas gestada a nuestras espaldas
debe ser detenida.
-
Debe hacer realidad los
derechos de los pueblos indígenas en su conjunto, el respeto a
sus territorios, a sus idiomas y culturas tal como lo manda la
ley.
-
Debe erradicar y sancionar
todas las formas de discriminación que nos someten por ser
mujeres, indígenas, campesinas, trabajadoras o por nuestra
condición económica.
-
Debe frenar inmediatamente
toda práctica de corrupción, que expolia a nuestros pueblos y
comunidades, acrecentando las desigualdades y la miseria cada
día.
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Debe reconocer nuestro rol de
mujeres productoras y agricultoras, y dejar de
invisibilizarnos en Identificaciones, cuando colocan en
nuestros documentos de identidad que somos “amas de casa”.
-
Debe dar atención urgente e
integral a las personas damnificadas por los incendios
forestales y la larga sequía, atendiendo especialmente las
necesidades de las mujeres.
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Debe desarrollar urgentemente
políticas adecuadas orientadas al desarrollo integral de las
comunidades indígenas. Para esto debe actualizar los datos
sobre la realidad de estas comunidades y abrir espacios de
consulta.
-
Debe implementar sin más
dilaciones una reforma agraria integral que reconozca a las
mujeres como sujetos de derechos, incluyendo el reconocimiento
y la protección de los territorios de los pueblos indígenas.
- Debe desarrollar un conjunto
de políticas públicas para superar la exclusión social, la
discriminación, las desigualdades y ausencia de participación
igualitaria de las mujeres. Necesitamos que se eliminen todas
las leyes discriminatorias, y que se cumplan nuestros derechos
en la práctica.
REIVINDICAMOS
que la soberanía sobre nuestras vidas, nuestras tierras y
territorios, bosques, aguas, semillas y alimentación
constituyen derechos inalienables e inapropiables de nuestros
pueblos.
EXHORTAMOS
a las mujeres y a la sociedad en
general a asumir el compromiso de defender la igualdad como
derecho para todas las personas, y a no seguir tolerando las
discriminaciones e injusticias que sufren las mujeres
indígenas y campesinas junto con sus comunidades.
LLAMAMOS
a la unidad de las
organizaciones populares y sumamos nuestro compromiso de
seguir trabajando por la unidad, aportando nuestra lucha y
esfuerzos en la construcción de una sociedad basada en el
socialismo, sin discriminaciones de clase, género, raza y
etnia, como lo iniciamos hace 8 años.
¡GLOBALICEMOS LA LUCHA,
GLOBALICEMOS LA ESPERANZA!
Asunción, 15 de octubre de
2007.
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