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28/04/2009
Pobreza 'made in
Monsanto'
Gustavo Duch Guillot
19-04-2009
Quien
controle las semillas controlará la alimentación del
planeta, por lo tanto controlará el mundo. Esta frase es la
esencia (su verdadero eslogan) del negocio de Monsanto, el
gigante de los transgénicos, desnudado en la investigación
de la periodista francesa Marie Monique Robin, 'El mundo
según Monsanto'. Muchas son las mentiras, trapos sucios y
falsedades que desvela su investigación a propósito de las
supuestas bondades de los transgénicos que tanto defiende
Monsanto. Demasiadas para una empresa que goza de muchos
privilegios en las administraciones públicas. Pero por
encima de todos, es esencial desmontar el mito que «les hace
fuertes», y que, ahora en tiempos de crisis, vuelve a
esgrimirse: la tecnología transgénica contribuirá a mejorar
la agricultura y el medio ambiente para ayudar a los
agricultores de los países en vías de desarrollo y combatir
el hambre. Un argumento falso donde se utiliza sin rubor la
pobreza como arma publicitaria.
De hecho,
una cosa es lo que dicen y otra es lo que hacen: la mayor
parte de los cultivos transgénicos comercializados hasta la
fecha se destinan a piensos, no a consumo humano. Es decir,
por un lado es peliagudo combatir el hambre produciendo
pienso para animales y por otro, la expansión de soja
transgénica (el futuro pienso) en forma de enormes
monocultivos por muchos países empobrecidos no sólo no ayuda
a sus agricultores, sino que ha sido la principal causa de
expulsión de campesinas y campesinos en los últimos años. Si
esas cosechas se siembran y cultivan con avionetas, ¿dónde
queda el trabajo campesino? Si la exportación de esos
cultivos sólo se la pueden permitir grandes corporaciones, ¿dónde
queda el beneficio para las y los pequeños agricultores? Si
esos cultivos han acaparado miles y miles de hectáreas ¿en
qué rincones pueden las familias cultivar alimentos? Y los
parcos esfuerzos en mejorar cultivos destinados a la
alimentación humana no han funcionado. El boniato
transgénico de Monsanto en Kenia resultó ser mucho menos
productivo que la variedad de boniato no transgénico.
Pero donde
tenemos las evidencias más desgarradoras es en India con el
algodón (tampoco se come) transgénico de Monsanto. Antes de
los transgénicos los agricultores indios utilizaban sus
abonos y pesticidas naturales y guardaban las semillas para
las siguientes temporadas, pero a partir de la introducción
de las semillas transgénicas de Monsanto, por diferentes
distribuidoras indias bajo su control y fuertes campañas
publicitarias, las cosas cambiaron. Son semillas patentadas
y está prohibida su reproducción en los siguientes años. Qué
paradoja, semillas no renovables, que además requieren de
insecticidas específicos (propiedad de Monsanto), por lo que
la anterior independencia agrícola de cada campesino se ha
convertido en una 'esclavitud' de Monsanto. Y en deudas,
muchas deudas, que el precio final del algodón (compitiendo
con algodón subvencionado de EE UU), las plagas y las
inclemencias del tiempo, no le permiten subsanar. Entonces,
con el agua hasta el cuello, deciden suicidarse.
¿Cómo es
posible que una empresa esté haciendo negocio con una
actividad tan criminal? ¿Cómo es posible que 'invente'
semillas que una vez patentadas queda prohibida su
conservación y reproducción, que sería lo ecológicamente
razonable? ¿Cómo es posible? Es una cuestión de pedigrí, la
empresa tiene 107 años de historia y se le reconoce ser
impulsora del PCB (elemento cancerígeno utilizado en
transformadores eléctricos) y de proveer en la Guerra de
Vietnam del químico 'agente naranja' utilizado por las
tropas estadounidenses para fumigar el territorio enemigo.
De hecho, lo que se puede afirmar es que detrás del
espejismo de los transgénicos sólo existió la voluntad de
Monsanto de vender su herbicida. El invento de semillas
transgénicas es sólo el instrumento para mantener y aumentar
las ventas del herbicida.
Contra la
agricultura de los transgénicos muy presente en el suelo
español y a favor de la soberanía alimentaria de los pueblos,
diferentes colectivos de la sociedad civil, organizaciones
campesinas, ONGD, y ecologistas hemos planificado una
multitud de actos durante esta semana, que culminarán con
una manifestación unitaria en Zaragoza mañana sábado. Las
administraciones pertinentes deberían atender estas demandas
y en un primer paso podrían inspirarse en la decisión del
Gobierno alemán que el día 14 prohibió la siembra del maíz
de Monsanto en su territorio.
Gustavo Duch Guillot,
Veterinarios Sin Fronteras
Fonte:
http://alainet.org/active/29935 |
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