|
22/01/2009
Operación Plomo Impune
Eduardo Galeano
Para
justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas:
siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta
carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con
los terroristas, logrará multiplicarlos.
***
Desde 1948,
los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No
pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus
tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen
derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no
deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se
convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó
limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido
había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó
en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los
salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces
vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es
un lujo que no todos merecen.
***
Son hijos de
la impotencia los cohetes caseros que los militantes de
Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería
sobre las tierras que habían sido palestinas y que la
ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla
de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan
el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna
eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está
negando, desde hace años, el derecho a la existencia de
Palestina.
Ya poca
Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del
mapa. Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van
corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en
legítima defensa.
No hay guerra
agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió
Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush
invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En
cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado
otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La
devoración se justifica por los títulos de propiedad que la
Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el
pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los
palestinos al acecho.
***
Israel es el
país que jamás cumple las recomendaciones ni las
resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las
sentencias de los tribunales internacionales, el que se
burla de las leyes internacionales, y es también el único
país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le
regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde
viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza
de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear
impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el
gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para
liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica
una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de
la potencia mandamás que tiene en Israel al más
incondicional de sus vasallos?
***
El ejército
israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a
quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas
civiles se llaman daños colaterales, según el
diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada
diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles
los mutilados, víctimas de la tecnología del
descuartizamiento humano, que la industria militar está
ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como
siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada
cien palestinos muertos, un israelí.
Gente
peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios
masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una
vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas Y esos
medios también nos invitan a creer que son humanitarias las
doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia
nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y
Nagasaki.
***
La llamada
comunidad internacional , ¿existe?
¿Es algo más
que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo
más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen
cuando hacen teatro?
Ante la
tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más.
Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las
declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las
posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la
tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como
siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las
manos.
La vieja
Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama
alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta
jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una
costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda
histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también
son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos
están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta
ajena.
(Este artículo está dedicado
a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras
latinoamericanas que Israel asesoró) |